EL CUIDADOR INFORMAL

Autor: Dra. Jakeline Hernández Veloz | Feb. 17, 25

En algún momento de su vida como hijo, padre, hermano, cónyuge, amigo, vecino, etc. ha brindado cuidados y atención por un tiempo determinado a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad o no autonomía, pero también es cierto que hay quienes han desempeñado un rol de cuidador circunstancial u obligadamente, brindando apoyo para cubrir las necesidades básicas e instrumentales de la vida diaria a una persona que no las puede realizar por incapacidad física o mental, sin conocer o tener información sobre qué hacer y cómo hacerlo y  de manera indefinida.

Cuidar es proteger, amar, compartir, ayudar, atender, asistir, pero…en qué momento cuidar se transforma en una tarea exigente, desgastante, estresante y que impacta de forma negativa en la salud física, mental y energética del cuidador; básicamente cuando se altera el equilibrio personal, familiar, social, profesional y laboral al prestar dichos cuidados la mayor parte del día, todos los días por tiempo indefinido.

Por otra parte, existen instituciones que brindan la atención a nivel público y privado surgiendo de forma general dos tipos de cuidadores cuya clasificación está basada en las funciones y los elementos que definen su rol:  informales y formales.

Un cuidador informal, “paciente oculto” o “segunda víctima” (Tartaglini et al., 2019) generalmente es una persona que forma parte del núcleo familiar, principalmente mujeres entre 45 y 65 años, el vínculo de parentesco predominante con el familiar es  esposa o hija,  normalmente este tipo de cuidador tiene un nivel de compromiso alto caracterizado por el amor y afecto hacia el familiar, no recibe una remuneración económica, no tiene capacitación profesional para enfrentar sistemas complejos como uso de equipo médico, administración de medicamentos, monitoreo de signos vitales, primeros auxilios, manejo del estrés, etc.; adapta sus habilidades para cubrir necesidades específicas,  no tiene un horario establecido, proporciona la atención y el cuidado en el propio hogar y  no pertenece a ninguna institución social o de salud.

El cuidador formal, es una persona que tienen una formación técnica o profesional previa sobre los cuidados que necesita la persona que lo requiera, la atención y los cuidados que ofrecen son con horarios establecidos y el vínculo afectivo es menor que el del cuidador informal.

Las funciones que realiza una persona profesional en comparación a un cuidador informal son diferentes ya que los objetivos y los alcances de éste dependerá de la persona que cuida, del estado de salud y de su perfil profesional. Por otra parte, considerando las funciones del cuidador informal, los cuidados pueden llegar a convertirse en una tarea exigente y sobre demandante provocando tensión física, fatiga crónica, desgaste emocional o estrés desarrollando el “síndrome del cuidador” o “Síndrome del cuidador quemado”.

Es necesario conocer el nivel de desgaste físico, emocional y energético que presenta como cuidador para tomar acciones ya que existe un riesgo elevado de desarrollar depresión y/o ansiedad, así como desequilibrios físicos por la exigencia constante y la falta de tiempo para sí mismo.  El abandono de vida social, aislamiento y soledad, el descuido de sus propias necesidades físicas y emocionales, intereses, entorno y tiempo libre; la presión económica significativa por faltas en la jornada laboral o el abandono de empleo y el desequilibrio en la propia dinámica familiar son factores de riesgo para desarrollar el “Síndrome del cuidador”.

Las principales manifestaciones sintomáticas a nivel físico, mental y social relacionadas con este síndrome son las siguientes: Nivel físico: dolor de cabeza, mareo, incapacidad para relajarse, dolor muscular, dolor de espalda, pérdida de energía, fatiga, cansancio. Nivel mental: ansiedad, depresión, irritabilidad, alteración del sueño, nerviosismo, problemas de memoria, desesperanza, dificultad para concentrase, resentimiento hacia la persona que cuida. Nivel social: aislamiento, pérdida de interés, dificultad en las relaciones interpersonales, etc.

Existe un instrumento de evaluación para medir la carga del cuidador denominado “Escala de sobrecarga del cuidador de Zarit” que es un cuestionario de evaluación psicométrica para medir el nivel de consciencia y percepción de los cuidadores respecto a las áreas de su vida que han sido afectadas debido a sus labores. Inicialmente, fue diseñado para valorar el sentimiento de sobrecarga experimentado por cuidadores familiares de pacientes con demencia, pero también se ha aplicado en cuidadores familiares de pacientes con distintas enfermedades y de distintos grupos etarios (niños, adultos, adultos mayores).

¿Qué hacer si eres un cuidador informal?

Primero: reconocerse como cuidador informal, segundo: conocer el nivel de sobrecarga que presenta, contestando el “Cuestionario de Zarit”tercero: hacer consciente el nivel de sobrecarga que presenta y cuarto:  tomar acciones respecto a su salud física, mental y social para evitar ser una “segunda víctima”.

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